Relatos

Cuando se te acaba la bombona en plena ducha

Después de un largo día de trabajo con intenso frio y rachas silbantes de viento acompañadas de leve lluvia, esos días en los que oscurece a las 17:30 y estás deseando llegar a casa, sí, pleno invierno, consigues abrir la puerta de casa a pesar de la torpe y fría mano. Piensas…uf, ¡ya estoy a salvo!

El calor del hogar te abraza enseguida, el inconfundible sonido de la puerta al cerrar te recibe junto al aroma de la cena mezclado con el ambientador de la entrada y, por supuesto también, con el “regruñío” de tu madre que aún lleva las gafas de coser: “psssss, si llevas barro, derechico al lavadero, pero yaaaa, ¡y a ducharte!”

Tras deshacerte del calzado húmedo, pones el calefactor en el baño deseando que te caiga una ducha con el agua a temperatura límite, lo más caliente que la piel pueda aguantar. Y no llenas la bañera porque dice tu padre que gastas mucha agua.

Con cabeza inclinada hacia atrás y con ojos cerrados, los largos suspiros delatan el cansancio a la vez que agradecen la relajación que esa ducha te está brindando. Es ahí cuando sin esperarlo, y con la cabeza llena de champú de oferta, la temperatura del agua inicia su maldito e inoportuno descenso, su puto descenso pasando por “templaica” y cayendo en picado hasta ¡FRÍAAAA!

Cierras el grifo al instante y vuelves a abrirlo con gran optimismo pensando que esa caída puede deberse a un lapsus momentáneo del calentador. ¡PUES NO!! Fría, fría y más fría. En las manos llega a parecer templada pero los “muslicos” te confirman que es fría a más no poder. Cierras el grifo y maldices tu mala suerte abrazándote y percibiendo el escozor que el champú barato te causa al invadir un ojo.

– Me cagüen, jajajajaja…..ayyyyy ( mezcla de risa y llanto ), ¡¡esto no puede ser verdad!! ¡¡Nooooooo….aaaaaay!!

– ¡¡ Mamaa, mamaaa, aaaaay que friooo Diooooos, mamaaaa, MAMA, MAMAAA !!

Corres la mampara y te quedas ahí, abrazándote y ligeramente inclinado como si ese gesto evitara el frío, como si subiera el telón de un abarrotado teatro y aparecieras totalmente desnudo en el escenario, tienes la misma sensación.

Inmóvil, escuchas a tus padres dialogar en un tono normal, a Matías Prats en la tele, el extractor de la cocina, oyes hasta tu padre rezar quejándose de la cena, “¿¡como es posible que oiga todo y nadie me oiga a mi!?”

– ¡¡ MAMÁAAA!!! ¡¡ MAMÁAAAAAAAAAAAAAAA!!!! (ahora me habrá oído hasta el vecino)

– Nena, me parece que tu hijo te está llamando.

Escuchar eso, es como el naufrago que avista un barco, sabe que ha sido localizado y que pronto va a ser rescatado. Por fin, desde el otro lado de la puerta, con pestillo, se escucha la tan esperada pregunta:

– Me has llamaoooo???

– ¡SIIIIIIII, MIRAVEL EL CALENTADOR QUE SALE FRÍAAAAAAA, puta casualidad, siempre me toca mi!!

– Vale, voy a volcar la botella….Ya, prueba ahora, pero no te entretengas que la otra está vacía también!

¿Entretenerte? Si, en zambombas estás pensando tú

El agua caliente vuelve y se reanudan los suspiros de aliento pero tienes que continuar a contrarreloj. Te secas maldiciendo por la ducha después del duro día, te subes el pantalón de pijama hasta los sobacos y los calcetines por fuera ( como el ciclista que ya ha cobrado alguna vez por mancharse los bajos de grasa de la cadena ) y sales con la ceja levantada, enfadado y con la ropa sucia hacia el lavadero. Sólo falta que preguntes que hay de cena y te digan…

– Alcachoficas, unas bajoquicas cocías y un pescaico a la plancha!!

¡ Feliz invierno !