Relatos

De como ganarse la vida escribiendo mierdas

Corría el año 2007, yo tenía un buen puesto de trabajo como comercial en la inmobiliaria de una empresa constructora que, aunque no era el trabajo de mis sueños, me permitía vivir holgadamente sin demasiados problemas.  Mi función era sencilla, enseñar viviendas a los jefes de ventas de otras inmobiliarias y esperar sentado a que ellos las vendieran y yo llevarme mi suculenta comisión. Fueron años buenos, pero de repente, de un día para otro, llegó la crisis. Esa crisis que azotó no sólo a España sino a todo el mundo por lo que las ventas de viviendas cayeron en picado y la inmobiliaria se vio obligada a cerrar.

Ahí estaba yo, con un pie en 2008, una hipoteca que pagar y una mano delante y otra detrás. En algún sitio leí que en japonés la palabra crisis es la misma que oportunidad, así que me armé de valor y me tomé esta crisis como una oportunidad para explorar nuevos sectores, nuevos trabajo en los que podría demostrar mi valía. Me considero un tipo bastante creativo, ¿por qué no buscar un trabajo como redactor? Creo que soy bastante capaz, ¡vamos a ello!

Tras pasar 3 meses viendo anuncios, enviando e-mails, echando currículums, visitando periódicos locales donde trabajar… la hipoteca me la seguían cobrando mes a mes y mi necesidad por generar ingresos crecía al mismo ritmo al que bajaba mi cuenta corriente, así que me dije… “En esto hay que empezar desde abajo” bajé el listón y me decidí a aceptar el primer trabajo de redactor que me encontrara.

Redactor de etiquetas de champú

Nunca imaginé que hubiera una persona encargada únicamente de escribir las etiquetas del champú, gel, suavizante para el pelo y demás productos de higiene personal, pero resulta que en aquello se escondía un verdadero arte, y no sólo eso sino que se me daba bastante bien, hasta el punto de que llegué a ganar el premio nacional a la mejor etiqueta en la categoría de “jabón líquido para niños” durante 3 años seguidos. Era algo así como el Óscar de las etiquetas por lo que en éste sector yo estaba muy bien considerado, llegué a ser como el gurú de las etiquetas de champú. El problema es que ya en 2012 los teléfonos móviles con internet se imponían cada vez más en los baños españoles, y ¿Quién va a necesitar leer la etiqueta de un champú mientras va al baño a hacer sus cosas cuando puede tener todo internet en su mano? Leer etiquetas ya pertenecía al pasado, la tecnología golpeó fuerte a éste sector y una vez más me vi obligado a buscarme mi sustento en otro trabajo tras el cierre de la empresa. Por suerte, el haber estado tan bien considerado dentro del sector junto con mis premios y una bonita carta de recomendación de mi jefe me permitió dar el salto a mi nuevo trabajo en el que fui recibido con los brazos abiertos.

Redactor de prospectos de medicinas

Y aquí estaba, en el 2012 y habiendo subido un escalón más en el maravilloso mundo de la redacción. Desde aquí me sentía capaz de llegar a cualquier sitio, el futuro estaba en mis manos y yo me acercaba a él con pasos cortos pero firmes. ¡Tiembla Stephen King porque te estoy pisando los talones!.   Puede parecer que escribir prospectos de medicamentos es una tarea sencilla, pero nada más lejos de la realidad. No es tan sencillo como escribir la composición de la medicina de turnos sino que también debes contar cuáles pueden ser los efectos adversos de tomar esa medicina, pero no sólo escribirlo sino que también debes probarlo. Una de mis funciones era tomar la medicina de turno, la necesitara o no, y manejar maquinaria pesada, para ésta labor la empresa me había proporcionado un maravilloso Dumper de 5.000 kilos que tenía aparcado en el terreno de mi cuñado porque no me cabía en la plaza de garaje. Intentaba utilizar mi maquinaria pesada en un lugar controlado y libre de peligro,  pero aun así algún susto me llevé, sobre todo los días que me tocaba escribir el prospecto de algún tranquilizante. “No se recomienda conducir o utilizar maquinaria pesada tras ingerir éste medicamento”. Pero lo peor era cuando debía escribir los síntomas por la ingestión de un medicamento de una dosis más alta de la recomendada por el fabricante. Tomo cinco pastillas: mareos, vista borrosa… Tomo diez pastillas: sudores, vómitos, hinchazón de los pies, erupción en la piel, picores…. Tomo el bote entero: Hospital, lavado de estómago y vuelta a empezar. A ésta tarea le debo mi calvicie actual y mi úlcera de estómago. Pero lo que me convenció definitivamente para dejar éste trabajo fue cuando debía escribir los posibles efectos secundarios de usar un medicamento estando embarazada. ¿Cómo podía yo escribir sobre eso? Éste no era mi trabajo…. Lo dejé tras dos duros años de escribir sobre medicina.

Tras un par de meses buscando un nuevo trabajo en el que pudiera demostrar mi creatividad me encontraba ya en un punto delicado, no conseguía encontrar mi sitio. Con la intención de levantarme el ánimo mi pareja decidió invitarme a cenar para celebrar nuestro aniversario, a pesar de que a ella no le gusta nada la comida china para satisfacerme, a sabiendas de que a mí me encanta, me llevó al restaurante “Gran Muralla IV” , el primer restaurante de comida china de nuestra ciudad, abierto allá en los años 80 y que mantenía el mismo mobiliario sobrecargado y cutre pero que la comida estaba exquisita. Cuando me tocó pagar la cuenta y al abrir la típica galletita de la suerte tuve una revelación con su mensaje. “La respuesta la tienes delante de ti”

 

Redactor de galletas de la fortuna

¿!Pero cómo no me había dado cuenta antes¡? La galletita me había dicho lo que tenía que hacer. Hablé con el señor Cheng, dueño del restaurante de comida china “Gran Muralla IV” y ofrecí mis servicios como redactor de galletas de la suerte. Llegamos a un acuerdo por el cual me pagaría un precio de 1€ por cada mensaje nuevo la cual acepté sin pensármelo mucho. Para ganar más no puedo permitirme repetir mensajes por lo que cada galletita es única. Al parecer esto llamó la atención de la gente y el señor Cheng multiplicó por 4 las ventas de su restaurante. Gracias a eso puedo decir con orgullo que soy el redactor jefe de los restaurantes Gran Muralla I, II, III, IV y VI (el Gran Muralla V cerró en 2016 por un problema con sanidad).